Una celosía de madera a la intemperie se mantiene o se tira. La diferencia entre durar dos años y durar diez cabe en una tarde de trabajo cada dos veranos, y es prácticamente la única variable que controlas.
Qué le pasa a la madera fuera
Tres cosas a la vez, y conviene distinguirlas porque no se arreglan igual.
El sol la agrisa. El ultravioleta degrada la lignina de la superficie y en pocos meses el color se apaga. Es estético, no estructural, y hay a quien le gusta ese tono plateado.
El agua la abre. Los ciclos de mojarse y secarse hinchan y contraen la fibra, y eso levanta astillas y abre grietas por donde entra más agua.
Los hongos la pudren. Este es el daño serio, y necesita humedad mantenida. Por eso empieza siempre por el mismo sitio: el canto inferior en contacto con el suelo.
Lasur, barniz o aceite
Para una celosía de exterior, lasur. La razón práctica es el repaso: un barniz agrietado obliga a lijar toda la superficie antes de repetir, y una celosía tiene decenas de listones cruzados y cientos de cantos. Lijar eso a fondo es un fin de semana perdido. El lasur se desgasta aclarándose, así que basta limpiar y volver a dar.
Cómo saber si toca
Olvídate del calendario y haz la prueba del agua: moja con la manguera una zona expuesta. Si las gotas se quedan encima, el protector sigue haciendo su trabajo. Si se absorben y la madera se oscurece al momento, la superficie ya no repele nada y toca repasar.
Como orientación, cada dos o tres veranos en clima normal y cada año o año y medio a pleno sur o en la costa, donde el salitre acelera todo.
Cómo se hace
- Elige el día. Sin lluvia prevista en cuarenta y ocho horas y sin sol directo pegando en la madera, que seca el producto antes de que penetre.
- Limpia. Cepillo, agua y jabón neutro. Deja secar del todo, un día entero si ha llovido hace poco.
- Lija en suave las zonas ásperas o con astillas. No hace falta llegar a la madera nueva.
- Aplica el lasur con brocha, siguiendo la veta y sin cargar. Dos manos finas funcionan mucho mejor que una gruesa.
- No te olvides de los cantos, y menos aún del inferior. Es por donde entra el agua y es el que todo el mundo se salta.
Si ya está gris
Primero, comprueba si el daño es solo de piel. Clava una punta en una zona castigada: si entra con la resistencia normal de la madera, está sana y solo hay que cepillar, lijar en suave y tratar. Recupera bastante el color, aunque no vuelve a estar como nueva.
Si la punta entra como en un corcho, la madera está podrida por dentro y no hay tratamiento que la salve. Toca cambiar el panel, y esta vez elegir uno tratado en autoclave y separado del suelo.
El mantenimiento que no hay que hacer
Si sabes que esta tarde de trabajo no va a llegar —porque el panel está en alto, porque es incómodo o porque simplemente no te apetece—, la respuesta honesta no es comprar mejor madera: es no comprar madera. Una celosía de PVC no pide nada, y una madera abandonada acaba peor que un plástico correcto.