En un jardín la celosía hace tres trabajos distintos: cerrar, ocultar y decorar. Cada uno pide un tipo y un anclaje diferente, y mezclarlos es lo que hace que una instalación no acabe de funcionar.
Ganar altura sobre una valla que ya tienes
Es la instalación más frecuente y la más agradecida: la valla ya está anclada y solo hay que atar el panel por encima o por delante.
El aviso importante no es el peso, que es poco, sino el viento. Una valla de malla deja pasar el aire; al taparla con celosía se convierte en una superficie continua que recibe empuje entero. Antes de subirle medio metro, mueve un poste con la mano y comprueba cómo está anclado: muchas vallas ligeras aguantan de sobra lo que tienen y no lo que les vas a poner.
Vallar con postes
Cuando no hay nada, hay que plantar. Tres reglas que ahorran rehacer el trabajo:
- Postes cada dos metros como mucho. Con paños más largos, el panel flexa y trabaja en las uniones.
- Anclados en hormigón si el paño es alto o el sitio es ventoso. Un poste hincado a golpes se afloja con las lluvias.
- Aplomados de verdad. Un poste torcido se ve desde el otro extremo del jardín y no tiene arreglo: se saca y se vuelve a poner.
Y antes de comprar: la altura máxima de un vallado la fija la ordenanza municipal, no tú, especialmente en el linde con la calle. Es una consulta de cinco minutos en la sede electrónica del ayuntamiento.
Esconder lo feo
Es uno de los usos más útiles de la celosía y el que peor se ejecuta.
El aire acondicionado. Se puede rodear, pero la máquina tiene que poder soltar el calor. Deja al menos un palmo por los lados y por arriba, y nunca cierres la cara del ventilador. Una unidad encerrada trabaja peor, gasta más y acaba parándose sola.
La depuradora de la piscina. Mismo problema y además humedad: aquí el PVC gana claramente a la madera.
Contenedores y tendedero. Aquí sí puedes cerrar todo lo que quieras. Piensa en el acceso: una celosía preciosa que hay que desmontar para sacar el cubo dura dos semanas.
Para plantas trepadoras
Cuadrícula recta, no rombo cerrado: los zarcillos necesitan poder rodear el listón para agarrarse.
Y separa el panel del muro unos centímetros con tacos de madera. Hace dos cosas a la vez: le da a la planta espacio para envolver el listón y deja que la pared respire, que si no acabas con humedad detrás de una masa vegetal que no se puede levantar.
Sobre el anclaje, el error de siempre: se calcula con la planta recién puesta. Dentro de tres veranos, crecida y empapada, pesa varias veces más y hace de vela cuando sopla.
El canto de abajo
Por ahí empieza a estropearse casi toda celosía de jardín. La madera en contacto con tierra o con un pavimento que encharca se moja y no se seca.
Solución: unos centímetros de separación con el suelo, o un pie de material que aguante el contacto. Es la diferencia entre cambiar el panel a los tres años o no cambiarlo. Lo demás del cuidado está en mantenimiento.