En una terraza alta la celosía deja de ser decoración y pasa a ser un problema de viento y de anclaje. Todo lo demás —material, color, entramado— viene después de resolver cómo se sujeta.
Lo primero: no perfores el suelo
Este es el consejo que más dinero ahorra de toda esta web, y por eso va antes que nada.
El suelo de una terraza no es solo pavimento: debajo hay una lámina impermeable que impide que el agua llegue a la vivienda de abajo. Un taladro que la atraviesa abre un camino directo, y el resultado no aparece ese día ni el siguiente: aparece en la primera tormenta seria, en forma de mancha en el techo del vecino.
Arreglar eso cuesta órdenes de magnitud más que cualquier celosía. Si hay que anclar sí o sí al suelo, que lo haga alguien que sepa por dónde va la lámina y que selle el paso como corresponde. Y si no, están las soluciones autoportantes, que existen exactamente para este problema.
El viento manda
A cuatro alturas el viento no se parece al de la calle. Y una celosía es una superficie: cuanto más tupida, más empuje recibe.
Las tres decisiones que se derivan de esto:
- Panel rígido con marco, no extensible ni rollo. Los formatos flexibles se descuelgan.
- Muchos puntos de anclaje, repartidos por todo el perímetro. El fallo no suele estar en el panel: está en el punto donde se sujeta.
- Entramado más abierto de lo que te pide el cuerpo. Es contraintuitivo, pero una celosía que deja pasar algo de aire aguanta mucho mejor que una que lo frena todo.
La calculadora avisa a partir de qué superficie conviene reforzar.
Cómo sujetarla sin tocar el suelo
A la barandilla o al peto, con bridas o con abrazaderas, si lo que hay arriba es una barandilla metálica. Es lo más limpio.
Autoportante con jardineras pesadas. El peso es lo que la sujeta, así que aquí no se escatima: jardineras grandes, con tierra, y a ser posible unidas entre sí para que trabajen como una sola pieza.
Con pies de apoyo lastrados, del tipo que se usa en vallado temporal. Menos bonito y muy eficaz.
La celosía no es un toldo
Conviene decirlo porque mucha gente compra una esperando sombra. Una celosía es vertical: corta bien el sol bajo de primera hora y de la tarde, y no hace prácticamente nada con el sol del mediodía, que cae de arriba.
Para sombra de verdad hace falta algo horizontal. La celosía puede formar parte de esa solución, montada como techo de una pérgola, y ahí sí funciona muy bien: filtra en lugar de cerrar, y por debajo corre el aire.
Áticos que se miran
Es el caso clásico y tiene una respuesta buena: un panel de lamas orientadas. Cortan la visión desde el lateral, que es de donde te ven, y dejan pasar la luz de frente, que es lo que no quieres perder.
Y una recomendación práctica que se salta casi todo el mundo: mide la altura sentado donde te vayas a sentar. De pie se calcula otra cosa, y luego la celosía tapa justo lo que no era.
Y si el edificio tiene comunidad
Casi seguro que la tiene. Una terraza de ático suele ser elemento común de uso privativo, igual que un balcón, así que lo que se puede anclar y lo que no está en la página de permisos. Las soluciones autoportantes, además de salvar la lámina impermeable, son las más fáciles de defender ante una junta.