Hay cinco formas de sujetar una celosía, y la que te toca la decide una sola pregunta: si puedes hacer agujeros o no. Todo lo demás viene después.
La pregunta que decide todo
¿Puedes taladrar? Parece una cuestión técnica y casi siempre es una cuestión de permisos. En una vivienda unifamiliar, adelante. En un piso de alquiler, mira el contrato. Y en un balcón de un edificio con comunidad, la respuesta corta es que anclar a la fachada o al pretil altera el estado exterior del edificio, y eso está regulado.
Está contado con la ley delante en ¿puedo poner una celosía en mi balcón?. Merece los cinco minutos: es lo que separa una instalación tranquila de un burofax dentro de seis meses.
Los cinco métodos
El viento es el enemigo, no el peso
Es lo que más subestima todo el mundo. Una celosía no pesa casi nada, así que cuesta imaginar que se caiga. Pero al cerrar un hueco estás poniendo una superficie donde antes pasaba el aire, y esa superficie recibe empuje.
Cuanto más tupido es el entramado, más oculta y más empuja el viento. Una celosía ciega en una terraza alta es, técnicamente, una vela. Por eso a veces la decisión correcta es elegir un entramado algo más abierto y aceptar que tamice en lugar de ocultar del todo.
Si el paño es grande, la calculadora te avisa a partir de qué superficie conviene reforzar el anclaje.
Qué hace falta
- Taladro con broca de pared, si vas a atornillar.
- Tacos y tornillos de exterior. En la costa, inoxidables.
- Separadores o tacos de madera, para que el panel no apoye contra el muro.
- Bridas resistentes a los rayos del sol. Las blancas de interior se parten en un verano.
- Nivel, metro y lápiz. La celosía torcida se ve desde la calle.
- Alguien que sujete. Un panel de dos metros con viento es cosa de dos personas.
Los errores que se pagan
Apoyar el panel contra el muro. Entre celosía y pared tiene que haber aire. Si no, la humedad que rebota de la pared se queda ahí y la madera pudre por la cara que no ves.
Atornillar sin arandela. El tornillo acaba hundiéndose en el listón y partiéndolo, sobre todo en PVC.
No dejar holgura. La madera se mueve con la humedad. Un panel encajado a presión entre dos muros se abomba en la primera lluvia.
Apoyar la celosía en el suelo. Unos centímetros de separación alargan años la vida del canto inferior.
Tapar el desagüe. En un balcón, el sumidero del suelo tiene que seguir tragando. Es el detalle que más instalaciones bonitas ha arruinado.
Según dónde vaya
Cada sitio tiene sus propias trampas, y están contadas aparte: en un balcón, donde manda el permiso; en una terraza o un ático, donde manda el viento y hay una lámina impermeable que no se puede perforar; y en un jardín o sobre una valla, donde manda el anclaje al suelo.