La celosía de aluminio es la respuesta técnica al sol: lamas orientadas según la fachada, que bloquean la radiación alta del verano y dejan pasar la baja del invierno. Cuando el control solar hay que calcularlo, es esta.
Por qué el aluminio
Porque permite lo que los otros materiales no: piezas largas, delgadas y ligeras. Una lama de aluminio extruido cubre varios metros sin apoyos intermedios y pesa poco, así que la subestructura es sencilla y se puede montar sobre fachadas existentes.
Añade dos ventajas prácticas: no se oxida, y el lacado permite cualquier color con una durabilidad muy alta.
Fijas u orientables
Fijas cuando el ángulo se puede calcular una vez y darlo por bueno. Son más baratas, no tienen mecanismo que se estropee y no piden mantenimiento. Es lo que encaja en fachada sur, donde el sol de verano siempre llega alto y el de invierno siempre llega bajo.
Orientables cuando la misma fachada recibe el sol en ángulos muy distintos, que es lo que pasa al este y al oeste. Ahí una lama fija o tapa siempre —y te quedas sin luz— o no tapa nunca. El precio es el mecanismo, que hay que mantener y que algún día falla.
El ángulo lo decide el sol, no el alzado
Es el punto que separa una celosía que funciona de una que solo se ve bien. El ángulo de la lama sale de un cálculo de recorrido solar para esa latitud y esa orientación: se busca interceptar el sol alto de verano y dejar pasar el bajo de invierno, cuando el calor se agradece.
Poner las mismas lamas con el mismo ángulo en las cuatro fachadas queda muy homogéneo en el alzado y desperdicia la mitad del efecto. Al norte, directamente, la celosía no está controlando nada: está ahí por lenguaje o por privacidad, que también es una razón, pero conviene saberlo.
Mantenimiento y dilatación
El aluminio se mueve con la temperatura, y una lama de varios metros se mueve de forma apreciable. Los anclajes tienen que permitirlo: si se atornilla todo rígido, la lama pandea o rompe el punto de fijación.
En mantenimiento pide poco: limpieza y revisión de los mecanismos si son orientables. Y previsión de acceso, que es lo que se olvida en proyecto y luego cuesta un camión cesta cada vez.
Frente a la cerámica y al hormigón
El aluminio gana cuando el control solar tiene que ser preciso, cuando hay que montar sobre algo existente y cuando el peso importa.
La cerámica gana en carácter, en integración con la construcción tradicional y en envejecer bien.
El hormigón gana en durabilidad bruta y en olvidarse durante décadas.
Las cuatro funciones que comparten los tres están en la página de arquitectura.